Guía 2025: carpintería de PVC o de aluminio para ventanas, ¿cuál conviene más?

Elegir entre carpintería de PVC o de aluminio para las ventanas parece una decisión técnica, fría. En la práctica determina temperatura interior, silencio en el dormitorio, lo que vas a gastar en calefacción o aire acondicionado, y hasta la estética de la testera. Llevo años acompañando a familias, estudios de arquitectura y comunidades de vecinos en esa disyuntiva. No hay un ganador universal. Hay contextos, prioridades y presupuestos. Por eso esta guía no vende un material, ordena los criterios y aporta cifras razonables a fin de que tomes una decisión con cabeza.

Cómo funcionan de verdad las ventanas

Una ventana no es solo vidrio y marco. Es un sistema formado por perfil, herrajes, juntas, acristalamiento y, muy importante, la instalación sobre la obra. Si cualquiera de esas piezas falla, da igual el material: entrará frío, ruido o agua.

En talleres y obras he visto ventanas de PVC con un vidrio triple sensacional y una instalación mediocre que terminaban con condensaciones en la parte baja. Asimismo ventanas de aluminio ligerísimas que parecían bonitas en catálogo, mas con una transmitancia térmica tan alta que el marco se enfriaba como una lata de refresco. Entender los puntos críticos ayuda a que no te engañe un folleto.

    Perfil: el alma de la carpintería. En PVC, la clave son las cámaras internas y, si corresponde, el refuerzo. En aluminio, los puentes térmicos y el grosor de los perfiles. Acristalamiento: en muchas ocasiones el 70 a ochenta por ciento del hueco. Un doble vidrio con cámara de dieciseis mm y capa bajo emisiva suele ser el mejor equilibrio en clima templado; el triple vidrio tiene sentido en zonas frías o ruidosas. Herrajes y juntas: determinan estanquidad al aire, resistencia al viento y seguridad. Un mal cierre transforma una buena ventana en una rehendija cara. Colocación: sellado perimetral, anclajes y encuentro con el aislamiento de la fachada. La ventana debe quedar en la capa térmica del muro, no “colgada” cara el exterior.

Esa visión de sistema sirve para equiparar con justicia la carpintería de aluminio en frente de la carpintería de PVC.

Aislamiento térmico: dónde se juegan los kilovatios

Si te preocupa el confort y la factura energética, mira la transmitancia térmica (Uw en W/m²K) del conjunto ventana, no solo del vidrio. Valores bajos significan menos pérdidas. En mis mediciones típicas de vivienda habitual:

    Ventanas de PVC de gama media, con refuerzo y doble vidrio 4/16/4 bajo emisivo con argón, suelen moverse en Uw 1,2 a 1,4 W/m²K. Ventanas de aluminio con rotura de puente térmico, bien diseñadas, con exactamente el mismo vidrio, se sitúan entre uno con cuatro y uno con ocho W/m²K. Si la serie es premium y el separador de la cámara es caluroso, pueden bajar a uno con dos a 1,3. Las series de aluminio sin ruptura, todavía presentes en reformas antiguas y en ofertas “demasiado buenas para ser ciertas”, superan con frecuencia dos,5, y en invierno convierten la casa en un radiador al revés.

El PVC parte con ventaja térmica pues el material es mal conductor. El aluminio conduce muy bien el calor, así que precisa rotura de puente térmico con poliamida o resinas y cámaras interiores que “corten” el paso. En zonas frías o con enormes diferencias de temperatura día-noche, esa diferencia de décimas en Uw se aprecia. He visto dormitorios en la villa de Madrid pasar de diecisiete a 19,5 grados noche tras noche tras cambiar a ventanas de PVC con buen doble vidrio, sin tocar radiadores. En tiempos suaves del litoral, una serie de aluminio bien apartada puede ser suficiente, especialmente si el vidrio está bien escogido.

Aislamiento acústico: silencio sin sorpresas

El estruendos no solo viene de la calle. Llega por vibración en el vidrio, por el aire que se cuela en microfisuras y por resonancia en el marco. Los decibelios reales dependen más de la hermeticidad y del tipo de acristalamiento que del material del perfil. Aun así, hay matices.

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El PVC, por su mayor masa por superficie y su elasticidad relativa, tiende a amortiguar un poco mejor ciertas frecuencias. El aluminio, bien conjuntado con juntas de calidad y vidrios laminados acústicos, iguala el rendimiento. Cuando el propósito es bajar treinta y cinco a cuarenta dB, el vidrio manda: un 4+4 Silence / dieciseis / 6 o un seis / catorce / 4+4 con butiral acústico funciona realmente bien. Para avenidas ruidosísimas, es conveniente asimetría de espesores y cámaras distintas para romper resonancias. Y cierres perimetrales de compresión, no solo de enganche.

En pisos con tren cercano o bares abajo, mi regla práctica es apuntar a Rw de 40 dB en huecos principales. Lo he conseguido tanto con ventanas de PVC como con ventanas de aluminio, priorizando herraje perimetral y un vidrio laminado con butiral acústico.

Durabilidad y mantenimiento: qué avejenta mejor

Aquí entran la intemperie, el sol y, sí, la mano del usuario. El aluminio anodizado o lacado con certificación Qualicoat resiste décadas. En ambientes marinos, la carpintería de aluminio con tratamientos convenientes aguanta mejor la salitre que un PVC estándar, que puede decolorarse y volverse más débil si no es una formulación de calidad. En zonas de interior, el PVC de buena marca mantiene color y rigidez 20 a treinta años sin inconveniente. La clave es exigir perfiles con estabilizantes convenientes, garantía de color y superficie coextruida si es foliado.

Mantenimiento real: el PVC solo solicita agua con jabón y un engrase anual de herrajes. El aluminio asimismo, aunque en lacados oscuros bajo sol intenso pueden aparecer microdilataciones que tensan juntas si la fabricación estuvo justa. La buena noticia es que ambas opciones requieren mucho menos cuidado que la madera.

Golpes y rayones: el PVC se puede rayar con objetos duros, pero los rayones ligeros se disimulan; si queda muy marcado, no hay repintado fácil. El aluminio, si se golpea fuerte, puede abollarse, y el lacado saltar. En sobrecalentamiento (terrazas acristaladas que pasan de sesenta ºC ), el PVC puede dilatar más, por eso necesita refuerzo metálico interno bien dimensionado y una instalación con holguras adecuadas.

Estética y diseño: proporción, líneas y acabados

La estética pesa más de lo que uno admite. El aluminio luce perfiles más finos y acepta hojas grandes con menos sección vista. En paños de más de 2,2 m de alto o correderas panorámicas, la carpintería de aluminio ofrece series minimalistas con nudos de dos a tres cm que el PVC no puede igualar. Si el proyecto solicita marcos esbeltos, colores metalizados o tiradores ocultos, el aluminio es un aliado.

El PVC ha avanzado con foliados que imitan madera contundente, negros mate y grises contemporáneos. Para una residencia de estilo nórdico o clásico, unas ventanas de PVC bien foliadas dan calidez sin el mantenimiento de la madera. En obra nueva, cuando el diseño admite perfiles algo más gruesos a cambio de mejor rendimiento térmico, es una combinación ganadora.

Compatibilidad con estilos locales: en cascos históricos a menudo la normativa exige determinadas secciones o color por testera. Es más fácil cumplir con carpintería de aluminio por pluralidad y estabilidad de acabados, aunque hay proveedores de PVC que cumplen de sobra en contextos exigentes. Es conveniente revisar muestras reales a pie de obra, no solo cartas de color.

Tamaños y mecánicas de apertura: límites prácticos

Los catálogos prometen mucho, pero la física manda. Para hojas batientes grandes, el PVC requiere refuerzos de acero que suman peso y fuerzan a herrajes más robustos. Desde uno con dos m de ancho por 2 m de alto en una hoja practicable, el equilibrio puede complicarse. En aluminio, las hojas grandes son más viables y estables con el tiempo.

En correderas, el aluminio ofrece sistemas elevables y minimalistas muy pulimentados, con canales de desagüe teatrales y rodaduras prudentes. El PVC tiene correderas eficaces, especialmente si son perimetrales o oscilo paralelas, con mejor estanquidad que la corredera tradicional. Cuando el hueco es enorme y la prioridad es marco fino, el aluminio toma ventaja.

Si buscas hermeticidad total y eficacia, una oscilo batiente, ya sea de PVC o de aluminio con buena ruptura, siempre y en todo momento superará a una corredera convencional. En climas ventosos, esa diferencia se aprecia tanto en estruendos como en sensación de corriente.

Condensaciones: por qué aparecen y cómo evitarlas

Las condensaciones amedrentan por las manchas negras en silicona y la sensación de humedad. El vidrio frío por debajo del punto de rocío, sumado a una humedad relativa alta interior, crea gotas. El marco influye. Un PVC con divisor térmico y un separador cálido en la cámara del vidrio reduce mucho el riesgo. El aluminio con ruptura bien desarrollado asimismo, pero un separador metálico barato en el doble vidrio puede arruinar el conjunto.

He resuelto varias consultas en las que, tras cambiar ventanas, empeoró la condensación. No porque la ventana fuera peor, sino más bien por el hecho de que la casa quedó tan hermética que el vapor de duchas y cocina no hallaba salida. Solución: ventilación controlada, microventilación en herraje o rejas higroregulables, y educación de uso. Las mejores ventanas de aluminio o ventanas de PVC necesitan un plan de ventilación.

Precio: qué coste tiene lo que vale

Cifras orientativas a dos mil veinticinco, con alteración por provincia, distribuidor y herrajes:

    Carpintería de PVC de gama media con doble vidrio bajo emisivo y argón: doscientos ochenta a trescientos ochenta €/m² instalado. Series premium con triple vidrio y juntas de alta calidad: cuatrocientos veinte a quinientos cincuenta €/m². Carpintería de aluminio con ruptura de puente térmico y doble vidrio equivalente: 320 a cuatrocientos cincuenta €/m². Series minimalistas o elevables de alta gama: seiscientos a 900 €/m², y más si hay grandes deslizamientos.

La diferencia pocas veces supera un 10 a 20 por ciento en gamas equiparables. Lo que dispara el coste son los formatos singulares, los acabados exigentes y los vidrios técnicos. Si alguien ofrece una carpintería de aluminio muy, muy barata, desconfía de la ruptura de puente térmico y del espesor de perfil; en PVC, desconfía de perfiles sin refuerzo, con escasas cámaras o sin garantías de color.

Sostenibilidad: más allá de la etiqueta verde

Se habla por los codos del reciclaje. El aluminio se recicla muy bien, con un gasto energético mucho menor que producirlo desde bauxita. Muchas series incluyen ya contenido reciclado certificado. El PVC también se recicla, y en Europa hay circuitos para perfilería postconsumo, pero depende mucho del fabricante y la logística local.

En análisis de ciclo vital, el mayor impacto está en el uso: la energía que ahorras a lo largo de 20 a 30 años pesa más que la huella de fabricar el marco. Por eso elige primero buen desempeño térmico y durabilidad, y después evalúa el origen del material. Un dato útil: exigir documentación EPD del sistema de perfiles, no solo folletos comerciales.

Seguridad y resistencia: lo que no se ve

El material no es el principal factor de seguridad. Mandan el herraje perimetral, el número de puntos de cierre, las placas antipalanca, las manillas con llave y, vital, el vidrio. Un laminado 4+4 en la hoja exterior con butiral estándar complica mucho la intrusión en comparación con un monolítico. Si la planta baja da a la calle, agrega un herraje RC2 y apreciarás la diferencia en segundos de resistencia.

Resistencia al viento y al agua: los ensayos AEV (Aire, Estanquidad, Viento) certifican el comportamiento. En fachadas expuestas, pide Clase 3 o 4 en permeabilidad al aire, E900 en estanquidad y resistencias al viento altas. Tanto en carpintería de aluminio como en carpintería de PVC hay series con certificaciones excelentes. La calidad de la instalación vuelve a aparecer: sin un buen sellado y anclaje, los papeles no valen.

Instalación: el eslabón que define el resultado

Un ejemplo real: dos pisos idénticos en un edificio de los noventa. Los dos instalaron ventanas de PVC de exactamente la misma marca, vidrio idéntico. En el primero, se selló el perímetro con espumas de baja expansión, cintas estancas interior y exterior, y se conectó al trasdosado aislante. En el segundo, se puso “a la antigua”, espuma y silicona vista. El primero ganó 2 ºC de temperatura interior media en invierno y redujo el estruendos medio nocturno 4 dB respecto al segundo. Las cifras no venían del perfil, venían de la instalación.

Pide memoria de colocación. Las cintas expansivas, los premarcos bien aplomados y el encuentro con la capa de aislamiento son la diferencia entre una ventana de catálogo y una ventana de veras.

Casos de uso: dónde reluce cada material

Vivienda unifamiliar en clima frío, calefacción con radiadores, ventanas medianas y prioridad eficiencia: el PVC acostumbra a rendir mejor costo-beneficio, con doble o triple vidrio conforme orientación. Si las estancias al norte son muy sombreadas, valora triple vidrio y separador cálido.

Ático litoral, orientación sur y grandes ventanales correderos con vistas: el aluminio con rotura y sistemas elevables o minimalistas, bien lacado y con herrajes robustos, resiste mejor el sol y la sal, con estética más esbelta. Vidrio con control solar selectivo para eludir sobrecalentamiento.

Piso urbano ruidoso en segunda planta, huecos de tamaño estándar: PVC o aluminio valen si se prioriza vidrio laminado acústico y herraje perimetral. La microventilación ayuda a controlar humedad sin abrir de par en par.

Rehabilitación en edificio protegido, obligación de color y sección fina: la carpintería de aluminio ofrece más juego para cumplir normativa sin sacrificar estanquidad. Demanda rotura y un vidrio térmico aceptable, Ventalun - Carpintería de Aluminio, PVC y Cristal carpintería de aluminio Culleredo si bien los perfiles sean delgados.

Locales o espacios con uso intensivo, golpes y manipulación frecuente: el aluminio aguanta mejor el trote y las aperturas continuas, siempre con herrajes bien dimensionados.

Errores frecuentes que encarecen o arruinan el resultado

    Comparar costos sin equiparar vidrios, herrajes y valores Uw. Aceptar aluminio sin rotura “porque es más barato”. Sale costoso en confort. Elegir corredera por costumbre cuando una oscilo batiente rendiría mejor y costaría similar en huecos pequeños. Descuidar la ventilación tras hacer la vivienda más hermética. Aparecen condensaciones y olores. No comprobar muestras reales de color y textura. Un gris antracita cambia mucho entre distribuidores.

Números que es conveniente llevar a la reunión

Transparencia ayuda a decidir con calma. Para un piso de noventa m² con 12 m² de hueco acristalado, pasar de ventanas antiguas de aluminio sin ruptura y vidrio simple a ventanas de PVC con doble vidrio bajo emisivo puede ahorrar entre dos.000 y tres.500 kWh anuales en calefacción y refrigeración, conforme tiempo y hábitos. A precios de energía de 0,12 a 0,20 €/kWh, el retorno de la inversión se mueve entre 6 y doce años. Con aluminio de calidad similar, el ahorro es prácticamente exactamente el mismo si el Uw del conjunto coincide. La diferencia de retorno viene más por el costo inicial y la durabilidad en tu ambiente.

En acústica, pasar de un vidrio 4/6/4 a un 4+4 Silence / 16 / 6 baja entre seis y 10 dB en banda relevante. La percepción subjetiva es casi la mitad de estruendos. Esto requiere herrajes que presionen bien el perímetro. Nuevamente, no es material, es sistema.

Cómo decidir sin arrepentirse

Si tuviese que condensar la experiencia en un proceso sencillo:

    Define prioridades en orden: eficacia térmica, acústica, estética, presupuesto, mantenimiento. Con ese orden, va a ser más fácil sacrificar lo menos importante. Elige dos o 3 distribuidores que trabajen con marcas reconocidas de perfiles y herrajes. Solicita fichas técnicas con Uw del conjunto, no estimaciones. Valora muestras reales. Observa la rigidez de la hoja, la calidad de las juntas, el acabado del lacado o foliado y la suavidad del herraje. Pide una memoria de instalación. Si mencionan premarco, cintas estancas y encuentro con aislamiento, estás en las manos adecuadas. Ajusta el vidrio a cada orientación. No hace falta triple en toda la casa. En sur y oeste, quizás control solar; en norte, prioridad térmica; en fachada estruendosa, laminado acústico.

Esta lista no sustituye tu criterio, lo acompaña. En ocasiones un pequeño cambio en el vidrio o en el sistema de apertura pesa más que mudar de material.

Entonces, ¿PVC o aluminio?

Si tu vivienda busca máximo confort térmico con presupuesto contenido, con huecos de tamaño estándar y sin exigencias estéticas minimalistas, la carpintería de PVC te va a dar mucha satisfacción y una buena relación costo beneficio. De forma especial si la orientas con vidrios adecuados y un montaje impecable.

Si precisas perfiles finos, grandes luces, alta resistencia mecánica y un abanico de acabados que resistan al sol y al mar, la carpintería de aluminio con rotura de puente térmico, bien detallada, es la aliada natural. Pagas algo más por estética y estructura, no por aislamiento, que puedes igualar con una buena serie y vidrio.

En cualquiera de los dos, escapa de los extremos asequibles. Las ventanas las ves y las sientes todos y cada uno de los días, y un pequeño extra bien invertido en herrajes, juntas y montaje se traduce en años de silencio, temperatura estable y cero sorpresas.

Un apunte final sobre marcas y garantías

No miento nombres por respeto a la competencia leal, mas sí recomiendo pedir garantías por escrito: estabilidad de color y superficie en PVC, calidad del lacado y anodizado en aluminio, certificación de vidrios y herrajes, y cuando menos un par de años de garantía de instalación. En obra seria, las ventanas de aluminio y las ventanas de PVC llegan con códigos de trazabilidad y EPD libres. Quien no puede entregar esa documentación suele competir solo por precio.

Elegir entre carpintería de aluminio y carpintería de PVC no es una religión. Es un ajuste fino entre necesidades reales, clima, diseño y proveedores competentes. Con la información adecuada, cualquier opción bien ejecutada te va a hacer olvidar el discute cuando cierres la hoja de noche y la casa quede, por fin, en silencio y a buena temperatura.



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